viernes, 31 de diciembre de 2010

INTERNET Y LA PROPIEDAD INTELECTUAL.


          Yendo directamente al grano, tal y como me gusta a mí enfocar las cosas, para analizar la Influencia de Internet y su impacto en la Artes en general afectadas por éste, las dividiré en los siguientes grupos para a continuación exponer lo que pienso en este tema sobre cada uno de ellos: Literatura, Pintura y Escultura, Cine, Música.
1º.-LITERATURA: Nunca en la Historia se ha leído tanto como ahora, principalmente artículos de opinión que ofrecen en su versión digital diariamente los periódicos, contribuyendo a una enorme incidencia social de estos. En ½ hora se pueden ojear tal cantidad de periódicos nacionales y extranjeros que la información y opinión que se forma de esta manera es mucho más objetiva. Antes se leía un solo periódico; esto que ocurre hoy en día se lo debemos a Internet. Hay periódicos cuyos artículos realmente valiosos no los exponen en sus versiones digitales; hay otros que aumentan enormemente su incidencia social gracias a brillantes plumas que si exponen en Internet. Cada “maestrillo tiene su librillo” y la industria periodística en general se está adaptando bien. Todos los periodistas saben que no se le pueden “poner puertas al campo”; lo que hay que hacer es cuidarlo convenientemente para que, en vez de volverse yermo, se muestre en toda su plenitud. 
          Respecto de los libros diré que creo sinceramente que el soporte papel es insustituible: no sé realmente por qué pero ésta es la realidad mía y de mi entorno. La sensación de íntima relación con el escritor a través de su libro es insustituible. La belleza literaria que, al contrario que Vargas Llosa opino que es fruto de la genialidad del escritor más que de su laborioso trabajo (Si no, comparen “El Quijote” -escrito a vuela pluma, según los  estudiosos- con “Madame Bovary”; aquel es un compendio de sabiduría y esta  es  una concienzuda novela) sólo se puede contemplar cuando tienes el libro en la mano; el libro es parte inseparable del escritor. Sinceramente creo que el buen escritor nace y su relación con él empieza desde el mismo momento que compras su libro. El futuro, casi con seguridad -tal y como están los tiempos-, me llevará a usar las bibliotecas pero qué son estas, cuyo uso aumenta año tras años, más que la demostración de lo que afirmo: el libro es insustituible. ¿Son las bibliotecas un lugar donde los "piratas" acceden a la literatura gratis? 

         Me llama la atención que haya todavía alguien que no entienda esto, sobre todo si de un escritor se trata: no será que se tiene miedo a su propia falta de talento en algunos casos y “como el Pisuerga pasa por Valladolid” le echan la culpa a Internet. ¿Qué quieren? Que la gente compre sus libros aunque no gusten; con los libros el “boca a boca” es donde mejor funciona. Por ejemplo: la escritora de Harry Potter se hizo multimillonaria en pocos años; nunca le oí quejarse de Internet  y eso que su joven público se mueve en él como pez en agua; los niños,  que tienden a juzgar los libros por su número de páginas, devoran los “tochos” de Harry Potter con una ferocidad inusual: ¿Será la calidad?
          Por otra parte, en España hay más de 2.000.000 de Blogueros; en sus Blog se recomiendan constantemente libro y libros (Por ejemplo: el interesante Blog “Trastos de Cris”).
          “Amigos míos, hay irremediablemente que pasar por el aro”. 

2º.- PINTURA Y ESCULTURA: Sin ir más lejos, yo mismo ayer deseé a todos mis contactos en Internet un espléndido 2011 con dos e-mail, uno con una colección de fotografías de los 10 mejores cuadros de Renoir que obtuve, “copiando y pegando”, de la revista digital “el cultural.es” –extremo que no oculté, si no que deje bien claro y patente y que de alguna manera redunda en dar publicidad a ese suplemento, o al menos, con esa intención lo hice yo-, y el 2º e-mail, también obtenido de la misma revista, con una colección de fotografías de  esculturas y pinturas, desde anónimos de la antigua Grecia,a  Rodin,  Klimt, Rubens, Miguel Ángel, etc.(En total este 2º e-mail constaba de ocho fotos); los títulos de los e-mail eran los mismos que tenían en la revista. Pregunto: ¿es posible que alguien se rasgue las vestiduras por envíar fotos de cuadros que están repartidos por el mundo en distintos museos públicos (Por cierto, en Inglaterra son gratuitos y en todas la entradas hay una urna en la que la gente deja, o no, voluntariamente algo de dinero para el mantenimiento), pues sí, la hay y argumentan en contra “Derechos de Autor”…
       Yo considero Internet como el mayor museo nunca imaginado y ¡Ojo!, si un cuadro se mueve en Internet es porque gusta y esto aumenta su “caché”. Pero ¿quién puede aspirar a tener un Renoir en el salón de su casa? Ni siquiera a recorrer el mundo de museo en museo para admirar la belleza de todos los cuadros que con bastante calidad se pueden contemplar en Internet. ¿Qué daño se hace? Explíquemenlo. Internet acerca el Arte Universal, el de los museos, a la gente ¿Es esto malo?
3º.- CINE: Este caso es muy delicado, ya que se expone mucho dinero en su producción y, además de cubrir gastos, el que lo expone debe de obtener lógicamente beneficios. Por tanto las películas de estreno deberían de estar protegidas durante un extenso número de años, pongamos por ejemplo 10, o los que  estimen ustedes, en los que se agoten sus posibilidades económicas (No me digan que en actuales tiempos de los “Wikileaks” esto no se puede conseguir). Después pasarían al bagaje cultural de la sociedad y la gente, que no es tonta, volvería a ver las películas realmente interesantes. Durante esos 10 años o, ya digo, los que se estimen, la industria cinematográfica ya se encargaría de que el público fuese al cine.
          Reconozco que aquí algo no se está haciendo bien, porque, que al día siguiente al estreno, haya gente "bajando" la película, no es normal. Realmente aquí si se hace daño.
         Pero con las películas eternas, que ya tienen años, y que no se pueden conseguir ni en las videotecas –al menos en Pontevedra- ¿Qué daño se hace? Pongamos que me refiero a Dreyer, Godard, Bertolucci, Visconti, Antonio Giménez-Rico, Berlanga, Ford, etc., etc., etc. Expliquenme, por favor, cómo puedo hacer para verlas. si no es descargándolas de Internet.
4º.- MUSICA: Desde hace aproximadamente 40 años en que se popularizaron los cassettes y los magnetofones para ellos (Recuerdo los Philips de mi juventud), ya se comenzó lo que algunos denominan ahora "piratería" y que no era más que intentar disfrutar, cuando no se tenían medios ni para comprar los discos, ni por supuesto para desplazarse a los conciertos, de Simón y Garfunkel, los Beatles o los Rollings, por ejemplo. ¿No era eso piratería como dicen ustedes? Y díganme ¿quién no utilizó cassettes?
          Pués ahora con Internet, en esencia, es lo mismo. Como dije: no se le pueden “poner puertas al campo”; ahora la gente que vale se da a conocer por Internet y, si gusta, créanme que sus conciertos se abarrotan y los jóvenes dejarán incluso de comer, pero no se perderán un concierto. Sí, los tiempos aquí han cambiado y sobrevivirá el que sepa adaptarse. Y no sólo los jóvenes: ¿Cómo conocieron ustedes la impronta de Anna Netrebko? ¿Dudarían desplazarse para asistir a una de sus representaciones? ¿Pagarían lo que hiciese falta, si hubiese entradas, claro?

          La industria discográfica que se alimenta de la creación de los artistas si se verá afectada, si no oferta buena música de pago (Existen ya maneras de hacerlo) pero, cuando aparecieron la electricidad y -por desgracia- el petróleo, también se vió afectada la minería y los carboneros y por ellos no se paró el mundo;  no tuvieron más remedio que adaptarse a la nueva realidad; muchos cambiaron de actividad.

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           Tuve yo un profesor que nos decía: “en la vida el que vale, vale y el que no,  no vale nada”. Habrá que aplicarse el cuento; digo yo.
          Por otra parte, lo que más me gusta  de los e-mail es que constantemente borras y apuntas contactos a conveniencia.
         En la vida una de las cosas que no soporto es  la gente desagradecida.

miércoles, 29 de diciembre de 2010

MI PRIMER CONCIERTO...

                                                                  Antonín Dvorák
   
        Unas Navidades, en  concreto las de mis 17 años, en casa de mis padres en Vigo durante una desvelada noche, ya que como tenía clases por la tarde en Madrid estaba acostumbrado a dormir en el Colegio Mayor por las mañanas, no sé cómo fue a parar a mis manos, de entre la espléndida colección de discos de vinilo de mi padre, uno de la Deutsche Grammophon con una atractiva foto de  unos jardines de Praga que contenía este mismo concierto para Violonchelo y Orquesta "en Si menor, Op. 104" de Antonín Dvorák que ahora les presento, y que supuso para mi una iniciación íntima en el mundo de la música clásica; hasta ese momento no me resultaba especialmente atractiva; después, poco a poco, fué llegando mucha más -hasta en infinito, diría yo-; también allí escuché por primera vez "Madame Butterfly de G. Puccini", "Rigoletto de G. Verdi" y más; según entraba en la colección, más entusiasmado me sentía. El solista de aquel concierto de Dvorak de entonces era seguramente otro pero esta versión del virtuoso violonchelista  Mstislav Rostropovich, me recuerda mucho aquel primer Concierto.

        Aunque éste entero consta de tres movimientos, aquí está dividido en seis sucesivos vídeos de Youtube, cada uno con una parte:

       1º Movimiento (Allegro): Vídeos 1ª Parte y 2ª Parte.
       2º Movimiento (Allegro ma non troppo): Vídeos 3ª Parte y 4ª Parte.
       3º Movimiento (Allegro moderato): Vídeos 5ª Parte Y 6ª Parte.

       En esta ocasión la Orqueta es la Filarmónica de Londres dirigida por Carlo María Giulini en el año 2006.

    Escuso decirles dos cosas: 1ª.- Dvorák y el Violonchello aquel día de embrujaron; en esta ocasión Rostropovich aumenta notablemente la impronta de este Concierto. 2ª.- Seguramente ya todos conocen esta Obra pero, si no, elijan un momento de especial sensibilidad, que todos algunas veces tenemos, para que así les "llegué" la magia que desprende en abundancia.

       No dejen de escucharlo completo y con el espíritu tranquilo.

1ª Parte


2ª parte


3ª Parte


4ª Parte
 

5º Parte


6ª Parte

martes, 28 de diciembre de 2010

LA MALDICIÓN DEL PETRÓLEO.



               (Deliberadamente redacto este artículo, dada la densidad extrema del asunto y por la lógica limitación de espacio,  hilvanando  ideas  con la intención de que ustedes, si lo desean, con sus sobrados conocimientos sobre  este tema  lo “completen”  y reflexionen sobre el problema que tan sólo pretendo humildemente plantearles)

          “Totalmente deshecho”  es la expresión que mejor define como ha dejado  el petróleo al mundo después de estos últimos cien años. Desde la deforestadora moto-sierra hasta la contaminación que provoca la energía que produce, pasando por la infinidad de mareas negras, el cambio climático, la extremada ambición que rodea su negocio, hasta como de destrozado está dejando a Oriente Medio; incluso me atrevería a decir que la  actual crisis económica, fruto de un equivocado desarrollismo alocado que sin el petróleo, sin duda, no se hubiese dado. La naturaleza, el mar, los polos, la contaminación por plásticos con él producidos, los cinco continentes y sus respectivas poblaciones que vivían en un limbo milenario del que despertaron atrozmente y ...

          Y la principal “maldición negra”, el petróleo, recayó sobre el pueblo árabe; ahora tal vez serían más felices si  carecieran de ese maligno –sólo se me ocurre este adjetivo que, por cierto, me sale del alma- producto; seguirían esos pueblos haciendo lo mismo que durante miles de años: entenderse con su naturaleza, vivir en ella, ser felices con ella y con sus costumbres; nadie se acordaría de ellos, tal y como sucedió en el caso ruandés de 1994, : no tenían petróleo. También da mucho qué pensar el comportamiento que tenemos en Occidente hacia la inhumana y corrupta dictadura de Guinea Ecuatorial, país que lo posee en abundancia, etc., etc., etc.

          El propio Afganistán fue invadido en un principio por Rusia, dada su importancia geopolítica para el dominio de Oriente Medio, dando pie a que se formara la terrorista milicia talibán, que tanto hace sufrir a su población  con sus fundamentalismos religiosos y que ahora con tanto ahínco lógicamente combatimos. En países invadidos los argumentos religiosos se extreman, crece el terrorismo, y el que más sufre, sin duda alguna, es el pueblo; si no hubiese sido así, esa población hubiera evolucionado a su natural aire, pacíficamente y no les impondríamos brutalmente  abandonar  sus burkas, sus velos, etc., en definitiva su milenaria manera de vivir y los radicales talibanes no tendrían tanta fuerza, ni tantos medios, para truncar esa evolución armoniosa. Yo creo que ahora a estos terroristas se les está utilizando descaradamente…si no ¿de dónde iban a sacar tanta operatividad?; sinceramente no me creo que sus dirigentes tengan  capital suficiente.

          ¿Por qué la invasión armada de Kuwait? ¿Por qué  la Guerra Irán-Irak? ¿Por qué el 11-S y por qué el 11-M, etc., etc., etc.? ¿Por qué se arrasó Irak? ¿Se trata acaso de una guerra mundial no declarada?

Cerca del actual Oriente Medio, se cree que cerca o en el actual Irak, La Biblia sitúa el Edén; nadie imaginaba que ese Edén iba a ser con dureza e insistentemente bombardeado miles de años después, primero por Irán, luego por occidente…; mal se sabía que habría una Maldición Negra, el petróleo.

          La babilónica Mesopotamia de Hamurabi (1750 a.C.), ahora expoliada, se situaba entre los ríos Eúfrates y Trigis, en pleno corazón del actual Irak. En Mesopotamia y China se cree que apareció la agricultura propiamente dicha hace unos 11.000 años: Mesopotamia, antes que Egipto y Grecia, es considerada la cuna de nuestra civilización.

          El mortero de cal lo utilizaban ya los egipcios 4.000 años a.C. Curiosamente películas actuales, como la fantástica y sensible “El color de paraíso”  del iraní Majid Majidi (1999), se puede comprobar cómo en un frondoso  rural iraní todavía se sigue utilizando dicho mortero en la construcción de las casas. También con asombro comprobé que en películas costumbristas como “Las ratas” de Antonio Giménez-Rico sobre la novela de Delibes, que retrata la Castilla rural de 1950, y “A través de los Olivos” del  iraní Abbas Kiarostami, que describe el rural iraní de la década de los 90, simbolizan con un tractor el fin de su milenaria manera de vivir (¿qué son 40 años en la Historia de la Humanidad?); el tractor funciona con derivados del petróleo por lo que sin éste la evolución social habría sido totalmente distinta; créanme que las vidas que describen ambas películas  eran parecidas: claro, cambia la religión y todo lo relativo, pero la sabiduría popular de ambos pueblos, acumulada durante siglos, generación tras generación, era muy similar. Abbas Kiarostami obtuvo  la Palma de Oro en el Festival de Cannes en 1997 por “El sabor de las Cerezas”, también una muy buena película en la que el Director se preocupa, entre otras cosas, de lo desolada que está dejando el creciente militarismo a la espiritual y culturalmente avanzada sociedad iraní.

          Y de ahí que esté yo totalmente de acuerdo con el Presidente Obama en pedir ayuda a los musulmanes para luchar contra el terrorismo integrista islámico: lo necesitan, les necesitamos y además, ellos son los primeros en rechazarlo íntimamente y por otra parte, es una forma de distensión; el pueblo musulmán sufre mucho, tiene miedo también y quiere, por encima de todo, llevar una vida en paz; sólo que los mutuos odios extreman posiciones en todos los sentidos; todos hemos visto montones de e-mail alarmando sobre el tema de los musulmanes; creo que no se debe echar leña al fuego, cuando tenemos la obligación de limar asperezas. El Presidente en funciones de Brasil, “Lula da Silva”, reconoció hace poco el Estado Palestino  con las fronteras de 1967 (supo sabiamente envainar la espada), añadiendo a una lista de más de cien países de todo el mundo que ya lo han hecho: es un paso importante pero falta todavía mucho por andar. Hay por todas partes mucho odio acumulado, principalmente por nefastas políticas en todos los bandos.

         Entiendo que en política internacional, así como en las propias de cada país, se debe actuar pensando en el medio y largo plazo, nunca bajo la influencia por las contiendas electorales: se debería tratar el tema, distendiendo la relación con los musulmanes pero, al mismo tiempo, defendiendo con firmeza nuestros valores, nuestra cultura; siempre desde la base del respeto mutuo. Creo que debe procurarse que las poblaciones no se sientan amenazadas con motivo de sus religiones, ni intervenir en su manera de vivir salvo que ésta interfiera con el Derecho o las costumbres propias de cada país, a lo que es lógico se deben adaptar los inmigrantes de todas las etnias y religiones y no al revés, desde luego, aunque teniendo siempre presente el gran espíritu hospitalario e integrador del que deben hacer gala los países receptores.

          Yo soy de los que piensan que el brutal desarrollo de los últimos cincuenta años no hubiese sido de la manera que sucedió, aunque en esencia sería lo mismo, pero más armonioso sin la enorme, repentina y negativa influencia abrumadora del petróleo.

         Y llegó el petróleo, la maldición negra, y se trastocó todo  ¿Somos  más felices ahora?

Nota: Pregunto yo, ¿es posible que la energía nuclear, además de producir la tan necesitada energía eléctrica, ayude a la referida distensión? A mí entender la contienda nuclear asusta tanto a todas las partes que por este motivo la guerra fría no desencadenó la 3ª guerra mundial. Este miedo, inteligentemente utilizado, puede robustecer la PAZ.  





PUBLICADO EN: La Gazeta de Mora Claros nº 104, de Faustino Martín-Navarro Pérez          

"ESCUELA" DE LEÓN FELIPE


                                                        León Felipe


           Al leer el libro de Sándor Márai, del que les hablaba en la entrada de ayer y, al abstraerlo, no pude por menos que acordarme del poeta  zamorano  universal LEÓN FELIPE y de entre todos sus poemas éste, titulado  "La Escuela", que a continuación, si lo desean, pueden escuchar declamado por Héctor Alterio en un vídeo  Youtube. La letra completa del poema la tienen ustedes después del vídeo.





LA ESCUELA: León Felipe
Oí tocar a los grandes violinistas del mundo,
a los grandes "virtuosos".
Y me quedé maravillado.
¡Si yo tocase así!...¡Como un "Virtuoso"!
Pero yo no tenía
escuela
ni disciplina
ni método...
Y sin esas tres virtudes
no se puede ser "Virtuoso".
Me entristecí.
Y me fui por el mundo a llorar mi desdicha.
Una vez oí...en un lugar...no sé cuál...
"Sólo el Virtuoso puede ver un día la cara de Dios".
Yo sé que la palabra "Virtuoso" tiene un significado equívico, anfibológico
pero, de una o de otra manera, pensé,
yo no seré nunca un "Virtuoso..."
y me fui por el mundo a llorar mi desdicha.
Anduve...anduve...anduve...
descalzo muchas veces,
bajo la lluvia y sin albergue...
solitario.
Y también en el carro itinerario
más humilde de la farándula española.
Así recorrí España.
Vi entonces muchos cementerios,
estuve en humildes velorios aldeanos
y aprendí cómo se llora en los distintos pueblos españoles.
Blasfemé.
Viví tres años en la cárcel...
no como prisionero político,
sino como delincuente vulgar...
Comí el rancho de castigo con ladrones y grandes asesinos...
viajé en la bodega de los barcos;
les oí cantar sus aventuras a los marineros
y su historia de hambre a los miserables emigrantes.
He dormido muchas noches, años, en el África Central,
allá, en el Golfo de Guinea, en la desembocadura del Muni,
acordando el latido de mi sangre
con el golpe seco, monótono y tenaz
del tambor prehistórico africano
de tribus indomables...
He visto a un negro desnudo
recibir cien azotes con correas de plomo
por haber robado un viejo sombrero de copa
en la factoría del Holandés.
Vi parir a una mujer
y vi parir a una gata...
y parió mejor la gata;
vi morir a un asno
y vi morir a un capitán...
y el asno murió mejor que el capitán.
Y ese niño, ¿por qué ha llorado toda la noche ese niño?
No es un niño, es un mono -me dijeron.
Y todos se rieron de mí.
Yo fui a comprobarlo
y era un mono pequeño, en efecto,
pero lloraba igual que un niño,
más desgarrada y dolorosamente que todos los niños
que yo había oído llorar en el mundo.
El Sargento me explicó:
- Anoche en el bosque matamos al padre y a la madre,
y nos trajimos al monito.
¡¡Cómo lloraba el monito¡¡
Estuve en una guerra sangrienta,
tal vez la más sangrienta de todas.
Viví en muchas ciudades bombardeadas,
caminé bajo bombas enemigas que me perseguían,
vi palacios derruidos, sepultando
entre sus escombros niños y mujeres inocentes.
Una noche conté cientos de cadáveres
buscando a un amigo muerto.
Viví en manicomios y hospitales.
Estuve en un leprosario
(junto al lago petrolífero y sofocante de Maracaibo)
me senté a la misma mesa con los leprosos.
Y un día, al despedirme,
les di la mano a todos,
sin guantelete, como el Cid...
no tenía otra cosa que darles.
He dormido sobre el estiércol de las cuadras,
en los bancos municipales,
he recostado mi cabeza en las sobras de los mendigos,
y me ha dado limosna -Dios se lo pague-
una prostituta callejera.
Si recordase su nombre lo dejaría escrito aquí orgullosamente
en este mismo verso endecasílabo
¡Oh, qué alegría!, poder pagar una letra,
una deuda, una limosna de amor
a los cincuenta años de vencida.
Y esta llaga que llevo aquí escondida
-desde mozo, hace 60 años-,
que sangra, que supura, no se cierra
y no puedo enseñarla por pudor.
No es herida gloriosa de la guerra...
¡Pero hay llagas redentoras!
Una vez... alguien me llevó ciego
a un lugar de pesadilla...de bicéfalos monstruos.
¿Alguien?...¿ o fue el veneno antiguo y poderoso de mi sangre
que está ahí, agazapado como un tigre,
se levanta a veces, deforma el Amor
y me deja sin defensa
en un mundo subyugante, satánico y angélico a la vez,
donde se pierde al fin la voluntad,
y uno ya no puede decir quién quiere que venza,
si la luz o la sombra?
Sin embargo
aquella vez vencieron y me salvaron los ángeles...
Pero yo no fui un soldado valiente.
¡ Oh, el amor, el amor...! ¡Qué formas toma a veces!
¿Por qué a de ser así?
¿ Por qué este veneno de la sangre está ahí siempre,
agazapado como un tigre, y no se va,
y a veces se levanta, y lucha... y, ¡ay!, puede más que los ángeles?
Volví a blasfemar.
Quiero contarlo todo.
Que venga el pregonero,
el cura,
el psiquiatra,
el albañil...
Quiero que sepa todo el mundo
cómo
y de qué
está construida mi casa.
Otra vez,
desesperado,
quise escaparme por la puerta maldita y condenada
y mi ángel de la guarda me tomó de los hombros
y me dijo severo: no es hora todavía...
hay que esperar.
Y esperé.
Y sufrí,
y lloré otra vez.
He visto llorar a mucha gente en el mundo
y he aprendido a llorar por mi cuenta.
El traje de lágrimas
lo he encontrado siempre cortado a mi medida.
Viví en Norte América seis años, buscando a Whitman,
y no lo encontré, Nadie le conocía.
Hoy tampoco le conocen.
¡Pobre Walt! tu palabra " Democracy"
la ha pisoteado el Ku-klux-klan...
y "aquella guerra", ¡ay! "aquella guerra" la perdisteis  los dos:
Lincon y tú.
Llegué a México montado en la cola de la Revolución.
Corría el año 23...,
y aquí planté mi choza,
aquí he vivido muchos años,
he llorado,
he gritado,
he protestado
y me he llenado de asombro.
He presenciado monstruosidades y milagros:
aquí estaba cuando mataron a Trotsky,
cuando asesinaron a Villa,
cuando fusilaron a 40 generales juntos...
y aquí he visto a un indito,
a todo México
arrodillado llorando ante una flor.
he acompañado a la muerte muchas veces:
la vi a la cabecera de mi madre,
de mi compañera,
de amigos innumerables...
He sufrido y sufro el destierro...
y soy hermano de todos los desterrados del mundo.
Tengo un amigo judío que estuvo en Auschwitz
y me ha enseñado las cicatrices del látigo alemán.
He estado en el infierno.
en un infierno que Dante y Virgilio no soñaron siquiera.
Salí del infierno...y he rezado mucho después.
Me sepultaron vivo
y me escapé de la tumba
He vivido largos años
y he llegado a la vejez
con un saco inmenso,
lleno de recuerdos,
de aventuras,
de cicatrices,
de úlceras incurables, de dolores,
de lágrimas,
de cobardías y tragedias...
y ahora... de repente,
a los 80 años
me doy cuenta de que sé tocar muy bien el violín...
que soy un "Virtuoso",
que puedo tocar en los grandes conciertos del mundo.
(El hombre y el poeta
son un mismo y único instrumento.)
Me gusta haber dado con mi almendra
antes de morirme.
Me gusta haber llegado a la vejez
siendo un gran violinista...
un Virtuoso.
Pero...con esta definición
que oí cierta vez en un lugar...no sé cuál:
"Solo el virtuoso puede ver un día la cara de Dios".

lunes, 27 de diciembre de 2010

TAN SOLO TRES "IDEAS".



1ª.- Por recomendación de un admirado amigo leí el libro DIARIOS (1984-1989) del escritor húngaro Sándor Márai; esta vez está traducido del húngaro por Eva Cserhati y A.M. Fuentes Graviño, y editado por la Ed. Salamandra: un fascinante libro. Ya saben que este gran escritor, agnóstico durante casi toda su vida, escribió el 24 de Julio de 1.988, siete meses antes de suicidarse de un tiro el 21 de febrero de 1989, a los 89 años de edad, lo siguiente:  “Todo está en Dios. Y Dios está en todo. Spinoza tenía razón. Sin embargo Dios no puede ser el Dios de las religiones".

2ª.- En este mismo libro Sándor Márai escribe el día 28 de marzo de 1985: “Schopenhauer fue uno de los grandes iconoclastas del siglo XIX: supo destruir una visión del  mundo de manera convincente pero no construyó otra realmente original para sustituirla. ¿Usted todavía necesita a Dios? , preguntó furioso a un filósofo alemán. La imagen de un Dios antropomorfo le parecía humillante, tanto para Dios como para el hombre".

3ª.- Hace un par de días recibí un espectacular “pps”, que por mis escasos conocimientos de informática no puedo mostrar aquí, pero que, resumiendo, presentaba una serie de impresionantes fotos tomadas desde el satélite Hubble, que hablaban de la inmensidad, de la grandiosidad del Universo y que me dieron mucho que pensar. Inmediatamente se lo envié a mis contactos con el siguiente comentarios: “Está claro que en su mayoría los hombres somos unos “inútiles”, pero aún así Stephen Hawkings debe de explicar de forma llana y mediaticamente impactante, al igual que se hizo con la presentación de su libro sobre este tema, por qué dice que Dios no es imprescindible en la creación del Universo”. Frase que a mí me resultó extraña en un científico que tiene que saber  perfectamente, al margen del "show.business" de la industria editorial, que de la nada, repito DE LA NADA, sin ningún tipo de intervención (Dios), es imposible explicar la creación de este inmenso Universo del que tendemos a creernos el ombligo.


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          No me considero preparado para seguir escribiendo de este tema por lo que les dejó aquí estas tres, llamémosles ideas, que a mí personalmente me inquietan y de las que sinceramente creo que se puede obtener interesantes pensamientos, reflexionando sobre ellas y sobre la irracional raza humana –sometida a las inexorables Leyes Físicas y otras- que interpreta o utiliza los "contactos" Divinos  (Las distintas religiones; Cristianismo es la mía )con mezquindad, avaricia, vanidad, malicia…con la crueldad humana, como también dice Sándor Márai en el referido libro el día 21 de septiembre de 1985, refiriéndose en este caso genéricamente a los dioses.

domingo, 26 de diciembre de 2010

EL SÍNDROME DE WIKILEAKS.



          Así lo denominamos, tomando una botella de “TITAN DEL BENDITO” (Bodega Dominio del Bendito”) -inigualable vino tinto de Toro, tan bueno que nunca había tomado cosa igual-  que nos propusimos disfrutar regodeadamente, acompañados de una buena conversación un psiquiatra amigo y yo, para la cual estábamos los dos predispuestos; y encima ese vino ¡Jesús! Nos lo sirvieron en una cómoda mesa de estilo castellano, acompañado por un rico embutido  de esta acogedora Tierra Zamorana.

           Se trata, este que  denominamos  bromeando Síndrome de Wikileaks, del pronunciado miedo que en general todo el mundo está teniendo últimamente en su relación con los ordenadores. El tema surgió porque él me transmitió su inquietud creciente a escribir en el ordenador de su Hospital en el expediente de cada uno de sus enfermos todo sobre sus enfermedades, en este caso, psiquiátricas: las más transcendentes desde el punto de vista social.

            Hoy en día, comentó, con los grandes adelantos de la investigación farmacéutica, un buen psiquiatra que esté puesto al día puede conseguir que, aquellos enfermos que antes se encerraban de por vida en un manicomio, hoy en día estén totalmente integrados en la sociedad con una vida familiar normal y trabajando. Pero estas enfermedades deben de ser una parte muy importante de la intimidad de los que las padecen: deben conocerla, su cónyuge y/o padres y su médico y prácticamente nadie más.

           Voy a ponerles dos ejemplo que me contó mi amigo psiquiatra esa tarde: un enfermo de esquizofrenia paranoide ligera que estaba haciendo vida normal –estaba bien tratado-y trabajaba de Director de una determinada sucursal bancaria, en un momento de debilidad y por exceso de bonhomía, confesó  por escrito su enfermedad a su jefe inmediato quién, por cierto, estando contento con él, se asustó lógicamente y le faltó tiempo para presentarle el finiquito, en buenas condiciones pero el finiquito. Otro caso es el de una empleada del hogar que ayudaba a una señora mayor que también estaba contenta con ella; esta chica tenía un tratamiento crónico de por vida por no recuerdo qué enfermedad psiquiátrica; la señora estaba encantada y ella trabajaba a gusto; ambas solían  pasear mucho juntas y hablaban de todo, tanto es así que incluso tenían confidencias; un buen día la chica cometió el error de contar a la señora lo de su enfermedad psiquiátrica crónica….automáticamente perdió su trabajo: a la señora le entró un lógico miedo. Las noticias que se dan sobre estos enfermos en los medios y la manera de contarlas, no les ayudan precisamente. En ambos casos no había ningunas necesidad de contar nada, sobre todo cuando un  enfermo de este tipo está capacitado hoy en día para cualquier trabajo.

              Esta celosísima intimidad, concluyó, le debe de quedar muy clara siempre al enfermo. Y de ahí las dudas que tenía mi amigo psiquiatra sobre los expedientes de sus enfermos ya que, desde el mismo momento en que los subía a la Red interna de su Hospital, pasaban prácticamente a poder ser vistos por mucha gente. Yo le dije que había muchas maneras de decir lo mismo, incluso de decir sin decir nada, pero que tenía que cumplir su obligación; hasta ahí llegaba su responsabilidad, el resto era responsabilidad del hospital y de los que dieran mal uso de su red interna y que, en último caso, siempre se deja rastro para fácilmente depurar responsabilidades.

             Pero salvo en estos casos médicos en los que faltar  “Juramento Hipocrático” debe de ser duramente sancionado, entiendo que la intimidad hoy en día no existe, de ahí que denomináramos “Síndrome de Wikileaks” al miedo, incluso la lucha, que por perder la intimidad sufre mucha gente de bien que, además y lógicamente, no tiene nada que ocultar. A mí sinceramente este interés en conocer la totalidad de la intimidad de una persona me parece una cómica manera de gastar recursos que mejor se utilizarían con dependientes, autistas, etc. Hoy en día prácticamente se sabe incluso las veces que se hace el amor con propios, y extraños en su caso, aunque bien es cierto que para este viaje “no hacían falta alforjas”. Qué no se sabrá que hasta los secretos más delicados de la diplomacia de EE.UU. son ventilados todos los días, como se de una “gota china” se tratara, en la prensa de todo el mundo.

               Según tengo entendido, lo principales partidos políticos españoles han adquirido últimamente unos potentísimos ordenadores en los que cabemos varias veces todos los españoles, que sumados a la cantidad de personas que imagino dedicarán a su uso y mantenimiento, resultará al final una buena factura. Cuidado que no hay huecos donde gastar buenamente esos recursos.

                En mi caso concreto, que tengo este “nudista” Blog, créanme que duermo como un tronco. Claro que mi formación constantemente me dicta lo que puedo contar y lo que no; pero lo que por otros medios se puedan saber de mi, no me preocupa en absoluto. A mi edad ya no tengo necesidad de ocultar nada. 

                Actualmente, casi en todos los trabajos te ponen delante, como primera medida, un ordenador conectado a red interna. El trabajo está para trabajar: este ordenador sólo de debe utilizar  para ello; pero en tu casa de cada uno es otro cantar. Esto es importante por mil motivos que estoy seguro que no se les escapan.

               En cuanto a las tan denostadas redes sociales manejadas fundamentalmente por los jóvenes, el quid está en la FORMACIÓN de éstos. No hay que huir de las Redes; hay que utilizarlas con sentido común. Todo joven  debe conocer cuales son los límites de la información personal que se puede compartir  (Fotos, etc.), siendo siempre conscientes que la vida da muchas vueltas y que lo que hoy a lo mejor no le damos importancia, mañana si puede tenerla.

               De los gallegos se dice que no se sabe si suben o bajan; pues eso: hay que comportarse como un gallego hasta el “último aliento”, incluido éste. Voy a poner el ejemplo de un amigo, gallego como yo, con el que me relaciono desde los 15 años y que, después de infinitas conversaciones de fútbol, solamente cuando ganó el Atlético de Madrid el doblete muchos años después, en una espontánea, inconsciente y rápidamente reprimida reacción se manifestó inconscientemente: supe que ese era su equipo. Seguramente hoy en día mucha gente puede saber esta faceta, además de las restantes de mi amigo, sin tener que esperar tanto como yo. Y entonces, ¿Qué más se puede saber de él que no sepa ya hacienda?.

               No les parece cómico: pues si tienen el “Síndrome de Wikileaks”, actúen con sentido común, ríanse de él y vivan tranquilamente su vida que deben de aprovechar intensamente ya que pasa volando y utilicen tranquilamente el ordenador e Internet, si este es su deseo, ya que es un medio cultural y social de tal calibre que merece la pena no estar al margen de él.

               Felipe II dijo: “No envié a mis barcos a luchar contra los elementos”; hoy en día el “elemento” que más está desarrollándose es la Informática y, al igual que Felipe II, no podemos luchar contra él pero, desde luego, no ahogarnos en el Mar de Norte, o sea, que para nosotros lo mejor será que nos compremos un traje de supervivencia: una buena formación, picardía y ¿por qué no?, también ser toda la vida algo “gallegos”. Entonces, a disfrutar despreocupadamente.

      

martes, 21 de diciembre de 2010

ME FALTA TIEMPO...

                                                            Harold Lloyd: "El hombre mosca"-1923.
                                  

           Un buen amigo me ha dicho que mi trayectoria es atípica, o sea, que soy atípico; no, si así me llamaban cuando me dio por jugar al mus, cosa que he abandonado ya hace tiempo; claro que ahí mi  supuesto carácter atípico me ayudaba, ya que no era fácil cogerme el truco –la auténtica verdad es que no tenía ninguno-, y “siempre” ganaba.

           Yo fui alumno de ciencias y estudié Agrónomos viviendo en un Colegio Mayor al principio –esfuerzo que siempre agradeceré a mis padres- , luego en pisos, pero siempre compartiendo el tiempo con gente de otros estudios. A algunos siempre les envidié ya que tenían la suerte de que, después de entregarse durante todo el curso a los embrujos de la vida, liquidaban en un mes escaso un brillante expediente. Claro eran otros tiempos, tunas y americanas –no chaquetas precisamente-  incluidas. Hace de esto casi 40 años. Tengo que reconocer que yo no era de los que corrían delante de los grises: mis padres sufrieron tanto en la Guerra Civil que, aunque jamás nos hablaron de ella, tenían auténtica obsesión porque nos mantuviéramos alejados de la política de cualquier signo.

          Aquellos alumnos  vivían todo el año sin  ningún tipo de preocupación y a principios de la 2ª quincena de mayo les entraba el apuro. Entonces se encerraban en su cuarto día y noche, y, ya digo, sacaban el curso con buenas notas. Hubo uno, el más inteligente y clarividente estudiante también de ciencias, que al acabar Aeronáuticos, opositó a farero porque quería "vivir", y ha sido y es muy feliz -antes no, pero ahora le comprendo perfectamente: era un adelantado a su tiempo; nadó contracorriente y avanzó-. Pero en general al terminar la carrera, algunos se entregaban a las oposiciones con el buen sabor de boca de haber vivido cinco años maravillosos; con ese bagaje los había que se dedicaban  a su respectiva profesión. Y...a todos nos va, más o menos, bien. 
   
           (Aunque no venga a cuento de este artículo, quiero decir que me parece más racional y formativa la manera de llevar los cursos que plantea hoy en día el Plan Bolonia: los jóvenes deben aprender a dosificar su esfuerzo y a administrar su tiempo, ya desde pequeñitos. Paralelamente y sin apuros se pueden hacer más cosas, de todo tipo, ahora que antes. Así serán más felices.)

           He contado lo anterior porque viene a colación el comparar uno de aquellos cursos de aquellos privilegiados alumnos con lo que siento en mi vida desde hace dos o tres años; sí, ahora me ha entrado el apuro y me temo que ni con "galénica" lo arreglo: me queda tanto por hacer que me agobia un poco pensar que estoy a punto de cumplir 55 años. Tengo  tantos libros que leer, ver aún tanto cine, tanta música que escuchar – música que me acompañó durante toda mi vida-, tantos amigos que hacer y otros que conservar, tanto que conversar, que charlar, tanto que conocer, tanto que contemplar, tanto que teclear y por supuesto dedicarme con ahínco a mi maravillosa y muy humana profesión, la Concentración Parcelaria, que siento que va a llegarme la hora del examen final con los justos deberes hechos, si acaso, para un aprobadillo raspado.

            Ahora me duele incluso dormir ya que lo considero una pérdida de tiempo: por encima de todo hay que aprobar el curso; aquí no cabe repetir, si no, desde luego que me apuntaba.

           No sé si ellas lo notarán, pero me entrego a mis amistades por completo, como si fuera a morirme mañana, ávido de trato, de nuevas experiencias, de comunicación cultural y humana. Busco también desaforadamente gente que pueda aportarme algo nuevo, desde luego nada hormonal, algo interesante que  con intensidad eleve mis pensamientos a cotas nuevas que realmente necesito. Esto mismo busco en las películas -en las eternas de alto contenido; desde Dreyer a Godard, pasando por Giménez-Rico, Berlanga, etc. (Aquí tengo que estar agradecido a Internet)-, en los libros a los que dejo que elijan ellos el  momento de llegar a mí. La música toda, desde pop o coplas hasta Óperas, Sinfonías o Conciertos de piano. También en la pintura y escultura rebusco entre la provocadora, la bella, en fin, la que aporta algo, la que hace pensar: los Museos me gusta recorrerlos rápidamente, parándome a fondo únicamente en los cuadros que a primera vista me “llegan”.

          No puedo evitar traer hasta aquí unas certeras palabras de Joyce Carol Oates, que bien podía aplicarse al Arte que más me atrae hoy en día: “Creo que el arte no debe servir de consuelo (…) El arte debe provocar, perturbar, despertar las emociones, llevar nuestro entendimiento a lugares no previstos e incluso no deseados” (Por ejemplo: les recomiendo la colección de dibujos de Castelao del Museo Provincial de Pontevedra), aunque también me gusta la belleza, el buen hacer como por ejemplo la agradable película “Vacaciones” de Nanci  Meyers en la que trabajan Kate Winslet –de la que soy fan- y Cameron Díaz…pasamos un buen rato, viéndola juntos, mi mujer y yo.
              En resumidas cuentas, estoy viviendo últimamente como si hubiese despertado de un largo letargo invernal y estoy apurando esta fantástica primavera que presiento que me va a resultar corta, y no quiero terminarla.

             Reconozco en mi vida tres etapas "claves": la algodonosa infancia, la universitaria y la actual. En ésta última estoy desplegando todo lo que fundamentalmente las dos anteriores me aportaron que por supuesto sin la ayuda de mi  mujer, mis hijas y contados amigos no podría ni soñar.

             No sé si me habré expresado bien lo que quería decirles, pero en fin..., siento que me falta tiempo.

           ¿Cómo  no reaccioné antes?   

lunes, 20 de diciembre de 2010

¡ QUÉ INTELIGENCIA: ABRUMA !





CONFERECIA de D. GONZALO TORRENTE BALLESTER que, con el título "Literatura Española actual", dictó en la Escuela Española de Middlebury (Vermont, EE.UU.) en 1967 y que ha sido puiblicada recientemente por la Revista española "elcultural.es"



Señoras y señores: mi colega, amigo y paisano, esto es muy importante, el doctor González López, me ha presentado ante ustedes con perfiles un poco excesivos. Siempre este género, porque ya casi es un género literario, de las presentaciones tiende a favorecer, en cierto modo, el retrato de urgencia que se está haciendo de un hombre que va a hacer ante un público una prueba de examen. Emilio González López creo que esta tarde me ha favorecido en exceso: nunca creí ser tan guapo. De todas maneras, al pintor que le favorece a uno se le guarda gratitud: yo se la guardo a él como se la guardo también a la Escuela de Español de Middlebury, que me hizo el honor de invitarme a pronunciar ante ustedes esta pequeña charla sobre un tema de literatura española actual.

De esas tres facetas, diríamos, que Emilio ha señalado ante ustedes, la de crítico, la de profesor y la de novelista, de esos tres trajes con que yo suelo revestirme, unas veces sucesivamente, y otras simultáneamente, voy a elegir para ustedes uno solo: el traje de novelista. Si acudo, en algún momento, al de profesor, será para pedirle ciertos datos mínimos para que lo que les voy a decir, que es una experiencia personal, que no es crítica sino historia, tenga un mínimo de validez objetiva. Yo soy, ante todo, profesor, vivo de ser profesor. Después, también un poco a la fuerza, crítico y, cuando me queda tiempo, soy novelista. Por lo tanto, de las tres revestiduras de mi personalidad literaria, ésta es la menos relevante. Perdonen ustedes que la haya escogido para presentarme ante ustedes.

Troicas literarias
Y para comenzar, el profesor que soy me presta unos datos cronológicos que repito ante ustedes, casi, casi para que ustedes los recuerden, pero convencido de que todos ustedes los saben. Son las fechas de nacimiento de tres escritores europeos y de tres escritores españoles: la de Marcel Proust en el 1871, la de James Joyce en el 1882 y la de Franz Kafka en el 1883; la de Valle-Inclán en el 1866, la de Baroja en 1872 y la de Pérez de Ayala en 1881. He agrupado en estas tres troicas, como está de moda decir, a tres reformadores, por no decir "destructores", de la novela universal y a tres reformadores de la novela española. Más adelante nos referiremos a un cuarto: Ramón Gómez de la Serna. Como ustedes ven, Proust, Valle-Inclán y Baroja pertenecen aproximadamente a la misma generación, igual que Joyce, Kafka y Pérez de Ayala.

La reforma, pues, de la novela europea ha estado a cargo de tres grandes escritores de dos generaciones sucesivas; la de la española, lo mismo. Si acudo a este procedimiento de las generaciones, tan combatido hoy, no es porque tenga una fe indiscutible en él, sino por su comodidad. Las reformas que unos y otros, la troica europea y la troica española, operan en sus ámbitos respectivos son distintas de naturaleza y de extensión. Proust, Joyce y Kafka modifican profundamente la novela universal. Valle-Inclán, Baroja y Pérez de Ayala modifican, quizá no con tanta profundidad, la novela española. La naturaleza de estas modificaciones objetivamente considerada obedece, en el caso de los europeos, a su inserción en una tradición literaria que llamamos también europea y que, al menos desde el siglo XVIII, tiene un alcance universal. La reforma de Valle-Inclán, Baroja y Pérez de Ayala, si en algunos momentos tiene eco fuera de España misma, no sale del ámbito de la lengua castellana.

La situación de la novela en el momento en que estas dos trinidades comienzan a operar sus respectivas reformas es, si quieren ustedes, si no la misma, parecida. Quizá entre el realismo y el naturalismo europeos del siglo XIX y la obra de Proust y Joyce se interponga un cultivo abusivo de la novela psicológica que en España falta realmente. Pero la referencia inmediata de un grupo y de otro es la novela realista del siglo XIX. Se trata, pues, de dos tradiciones que coinciden hasta un cierto punto y que después se modifican ligeramente. Y uso la palabra "tradición" en un sentido relativo, por lo que a los españoles respecta, por razones que luego diré.

Ámbitos culturales distintos
El público al que se dirigen los ámbitos culturales respectivos, las sociedades, en una palabra, a quienes se dirigen un grupo y otro, son distintos. Éste es un hecho en el cual no hace falta insistir puesto que, efectivamente, todos sabéis que la vida española a partir del siglo XVII difiere profundamente de la vida europea, sigue un camino distinto e incluso aquellos escritores que tienen un matiz más europeísta, que incluso hacen del europeismo profesión, al dirigirse a los españoles tienen que hacerlo de una manera peculiar, de una manera especial. Pero hay, además, por lo que a los españoles respecta, una circunstancia que encuentro fundamental, decisiva en la historia de la novela española. La historia de la novela europea a partir de Cervantes, por lo menos, presenta una tradición continuada, un desarrollo continuado y variado de determinados supuestos. Por lo tanto, Proust, Joyce, Kafka están en su tiempo al cabo de esa tradición, al cabo de esa evolución, de ese movimiento.

La novela española carece de tradición en el sentido lato de la palabra. En España no hay novela durante el siglo XVIII, casi no existe novela romántica. Pérez Galdós reinventa la novela y se suma a una posible tradición española directamente, saltando por encima de los siglos hasta Cervantes, e indirectamente recibiendo la tradición cervantina tal y como se desarrolló en Inglaterra y, en parte, en Francia. Pero ni el propio Pérez Galdós crea una tradición. Todos sabemos que una de las razones por las cuales Valle-Inclán, Baroja y, más tarde, Pérez de Ayala y Gómez de la Serna intentan y llevan a cabo su reforma de la novela española es, en el caso de los tres primeros, mejor dicho, en el caso de Valle-Inclán, Baroja y Gómez de la Serna, por disconformidad radical con Pérez Galdós. Y en el caso de Pérez de Ayala, que fue un gran galdosiano, que defendió a Galdós en su tiempo, porque en el fondo la fórmula de la novela realista, evolucionada o no, no servía del todo a su especial talento. De manera que, como veremos luego, si en cierto modo se vale de ella es sólo de una manera aparente.

Las reformas operadas de esta manera, es decir, por un grupo dentro de una tradición que se agota y por otro grupo dentro de una literatura dentro de la cual la novela es un género que opera a salto, es completamente distinta en su naturaleza y en su altar. Digamos, volviendo a la cronología que el intento de reforma llevada a cabo por los españoles es anterior en doce o catorce años al intento realizado por Joyce, por Proust y por Kafka. Es decir, Valle-Inclán, Baroja, comienzan a escribir de una manera distinta, con una voluntad de hacerlo distinto a finales del siglo XIX. Si no recuerdo mal, no tengo aquí la nota pero, si no recuerdo mal, la publicación del Retrato del artista adolescente es a principios de la segunda década de este siglo. Esta, diríamos, negativa a engancharse en la tradición de la novela realista española, representada por Galdós, tuvo, como ustedes probablemente saben, incluso unas manifestaciones que hoy consideramos injustas y desagradables, ante todo lo que algunos de estos escritores escribieron acerca de Galdós, que acusa cierta incomprensión de la naturaleza, del alcance de su obra novelesca. Y segundo, por ejemplo, la postura poco defendible de un escritor, a quien tanto admiro por otra parte, como Valle-Inclán cuando, no recuerdo en qué año de este siglo el doce, el trece, quizá el once, se intentó que a Galdós le diesen el premio Nobel.

De manera que no solamente se trata de una actitud literaria, sino de una actitud personal. Son Baroja y Valle-Inclán dos escritores que lo involucran todo, que lo confunden todo y que su negativa a seguir por el camino que Galdós había recorrido con tanto acierto y con tanta gloria, incluye a la propia persona de Galdós. También Gómez de la Serna es responsable, en cierto modo, de cierto desconocimiento que sus amigos tuvieron de Galdós en los primeros años de su actividad literaria. No hace mucho tiempo, hablando yo de estos problemas con José Bergamín, escritor muy agudo, muy fino y que, por otra parte, puede ser y debía ser uno de los grandes testigos de la evolución de la literatura española en ciertos años, le pregunté: "¿Y por qué ustedes tardaron en conocer a Galdós?". Y me contestó: "Porque Gómez de la Serna no nos dejaba leerlo". Es curioso, pero ésta fue la respuesta textual de Bergamín, de quien por lo menos sé que conoció a Galdós en el destierro, cuando la nostalgia de España le llevó, quizá aliada a alguna casualidad, a leer a Galdós. Y, claro, descubrió lo que no había conocido antes, y lo descubrió con admiración. Quizá el propio Ortega y Gasset haya padecido un poco de esto.

Hay un artículo de Ortega y Gasset, que se publicó sin firma en El Sol al día siguiente de la muerte de Galdós. Es un artículo muy elogioso pero lo que cita de Galdós, los personajes que cita de Galdós, son solamente o casi solamente personajes de los Episodios nacionales. Es evidente que si Ortega y Gasset, en aquellas fechas, que tenía ya treinta y cinco o treinta y seis años, hubiera leído Fortunata y Jacinta, Torquemada, Miau, cualquiera de las grandes novelas de Galdós, hubiera evidentemente citado a sus personajes. Casi se limita a citar a los personajes de la primera serie y a alguno de la segunda o tercera de los Episodios nacionales. Cuando después escribió a veces sobre Galdós, no lo hizo en términos muy elogiosos. Por ejemplo, cuando dice que Dickens y Galdós, que no tienen estilo, tienen carácter. En aquellos momentos en boca de Ortega la palabra "carácter" tenía un sentido, en cierto modo, peyorativo. Pero en cambio sé que más tarde, casi poco antes de morir, los años anteriores a su muerte leyó a Galdós y a un amigo mío, en cuya palabra confío, le confesó su error: "Estoy leyendo Fortunata y Jacinta y es una novela fabulosa".

La acitud antigaldosiana
De manera que, entonces, si estos datos sirven para algo, nos sirven para pensar juiciosamente que en la actitud antigaldosiana de los novelistas españoles de dos generaciones había algo más que la simple voluntad de operar una reforma literaria. Había algo que no me gusta nombrar pero que forma parte como factor constante de la vida española moderna. Naturalmente, yo no intento comparar aquí más que unas líneas generales de lo que hicieron estos tres españoles y de lo que fuera de España hicieron los tres novelistas europeos a quienes cité. Ya lo dije antes: la naturaleza y el alcance de la reforma de los europeos fueron mucho más amplios que la de los españoles. De manera que cuando hacia 1925 se perfila otra generación literaria, se encuentra en cierto modo con que la novela realista dentro de España ha sido reformada, ha sido modificada. Sin embargo, ni dentro de esta generación ni dentro de las siguientes, encontramos escritores que, de una manera o de otra, figuren como discípulos, como secuaces de Valle-Inclán, de Baroja, de Pérez de Ayala o de Gómez de la Serna, menos que de ninguno de este último.

Quizá piensen ustedes en el caso de Camilo José Cela, que es a un tiempo discípulo, por lo menos remotamente, de algunos aspectos de Valle-Inclán y de algunos aspectos de Baroja. Pero una mosca no hace verano, decimos en España y el caso de Camilo José Cela, que es un gran escritor a pesar de este discipulaje, y, quizá gracias a él, no nos permite establecer una ley de continuidad. La verdad es que ni de los escritores de la generación del 25 ni los que siguieron tienen nada que ver con Valle-Inclán, con Baroja, con Gómez de la Serna, con Pérez de Ayala. A pesar de que por muchas razones cualquiera de ellos hubiera podido servir, si no fuesen tan singulares, si no fuesen tan inimitables, hubieran podido servir de cabeza de una escuela española moderna de novela.

Cuando yo, hacia 1930, empecé a tener conciencia literaria, los escritores a quienes nos dirigíamos, los escritores que estudiábamos eran Proust y Joyce. Todavía no Kafka, que fue conocido en España precisamente en los años anteriores a la República. Pero Joyce y Proust eran ya suficientemente conocidos para que pudieran servirnos de guía, para que pudieran servirnos de modelo o, por lo menos, para crearnos la conciencia de que habían planteado y resuelto una nueva situación en la historia de la novela y en el arte de la novela. Y así las cosas, surgen dos episodios, uno nacional, otro universal: la guerra civil española, la guerra mundial de 1939. Digamos, antes de entrar en ellos, que ni Proust, quizá Proust sí pero no Joyce, había alcanzado entonces el auditorio que hoy tiene. Todos ustedes saben las dificultades con que tropezó Joyce para publicar el Ulises, semejantes a las dificultades con que tropezó Proust para publicar el primer volumen de su obra. Proust comenzaba a ser conocido y estudiado, quizá lo fuera ya, de una manera amplia; Joyce no había pasado todavía, creo yo, de los círculos minoritarios. En España, por supuesto, ninguno de ellos había salido de ahí. Proust y Joyce eran dos palabras casi consigna que permitían que dos personas afines se identificasen: "¡Ah! ¿Usted ha leído a Joyce? ¿Está usted leyendo a Joyce? Usted es de los míos".

La bifurcación de los escritores españoles
La guerra civil, que es el episodio más grave de la vida española moderna, cuyos alcances afectan a todos los aspectos de la vida -espirituales, políticos, sociales, económicos, a todos absolutamente-, determina una serie de hechos, de los cuales voy a señalar dos importantes al respecto de mi tema. Uno de ellos es el tan conocido de la separación, de la bifurcación de los escritores españoles, los que se quedan en la Península, por las razones que sean, y los que emigran. Esta separación, en la mayor parte de los casos, por lo menos en los casos que tienen una significación, en los casos de grandes escritores, es más aparente que real. Por debajo de la apariencia hay muchas coincidencias, aunque quizá no sean coincidencias de estilo, pero sí de tema, sí de preocupación, sí de emoción. En último término, unos y otros tenemos el mismo origen.

Resulta que después de la guerra civil los géneros preferentemente cultivados por la generación anterior -la poesía, el ensayo y, en cierto modo, el teatro- no nos sirven para nuestra expresión, no nos sirven de la manera amplia que nosotros necesitamos y, entonces, tanto entre los emigrados como entre los que viven en la Península surge la necesidad de cultivar la novela. Fíjense ustedes que aquellos escritores de la generación del 25 que habían sido novelistas, por ejemplo Ramón J. Sender, que vive en los Estados Unidos y que ha sido hasta hace pocos años profesor en Alburquerque, lo habían sido de una manera casi vergonzante, porque cuando Sender publicó Mr. Witt en el Cantón, quienes en aquel momento definían en la vida intelectual española le concedieron menos importancia de la que realmente tenía: no vieron en él un futuro, importante, gran novelista.

Hay un problema que algún día, supongo yo, que quedará suficientemente historiado, un problema con sus curiosos aspectos sociológicos, que es la constitución de un círculo, que me atrevería a llamar "sagrado", constituido por poetas líricos y ensayistas, y unas cuantas figuras que van alrededor de este círculo sin conseguir entrar en él. He citado el nombre de Sender, podría añadir el de Casona, el de Miguel Mihura, el de Enrique Jardiel Poncela, el de López Rubio, en fin, el de una serie de escritores, más o menos importantes, pero ninguno de los cuales tuvo entrada dentro de este círculo que entonces definía, repito, la vida intelectual española. Es curioso que muchos de los que entonces constituían este círculo, al vivir en la emigración, sintieron la necesidad común de expresarse de otra manera. Y de ahí salió, por ejemplo, el hecho de que Max Aub se haya convertido en novelista. No es así el caso de Ayala, por ejemplo, de Francisco Ayala, que ya era, de una manera restringida y muy particular, pero ya era novelista antes de la guerra.

Pero el caso de Max Aub, por ejemplo, que había escrito ensayos, que había escrito poemas, que había escrito unas formas vanguardistas de teatro, de pronto el shock de la guerra civil le convierte en novelista. Es decir, que en la emigración y en la Península unos grupos de hombres de dos generaciones distintas por lo menos, sienten necesidad de la novela para su expresión personal y para lo que la expresión personal lleva siempre consigo como expresión colectiva. Todos los que entonces empezamos a escribir novelas, éramos conscientes de la situación objetiva, diríamos, del arte de la novela después de la destrucción operada por Proust y por Joyce. Todos sabíamos que a partir de la obra de estos escritores las novelas había que escribirlas de otra manera. Pero resulta que las formas de novela que podíamos imaginar a partir de Proust y de Joyce no nos servían. Lo que nosotros llevábamos dentro en aquel momento y que dio lugar a novelas mejores o peores requería un tipo de novela, si quieren ustedes, caracterizado por la significación. Fíjense ustedes que una situación parecida a esta mutatis mutandis es la de Francia durante y después de la guerra universal.

El círculo de conocedores, de escritores conscientes de la situación de los géneros en Francia en 1945, 1943, 1948 es, con toda seguridad, mucho más amplio que en España. Sin embargo, cuando Sartre, cuando Camus quieren expresarse literariamente, dar en sus libros cabida a su conciencia moral, acuden a unas formas de novela que sólo remotamente suponen a Proust y a Joyce. Unas formas de novela que si a alguno de los tres grandes que he citado antes se refiere es a Kafka. El hecho de ser Kafka un novelista cuyos personajes están vinculados a una significación lo constituye, a mi juicio, en el clásico de la novelística francesa de esos años. Mientras los novelistas franceses y, en general, europeos necesitan dar expresión a todas aquellas conmociones que la guerra en todas sus dimensiones les ha causado, no pueden utilizar las formas de novela que, lógicamente, debían derivar de la destrucción, de la modificación, como ustedes quieran llamar, operada sobre todo por Proust y por Joyce.

La censura aniquiladora
¿Cuál es la razón de que la diferencia de calidad entre las novelas publicadas en España desde 1940 a 1950 sea tan distante de la calidad de las novelas francesas, por ejemplo? Se debe a las especiales circunstancias en que la literatura española se desenvolvió después de la guerra civil. Durante esos años precisamente es cuando la censura se operó con más fuerza, con más capacidad de aniquilamiento, de cualquier idea sincera que pudiera surgir en la conciencia de los escritores. Y al decir de los escritores me refiero, ante todo y singularmente, a los que, de una manera o de otra, por unas razones o por otras, habían figurado en el séquito de los triunfadores de la guerra. Se daba libre expresión e incluso facilidades a todo lo que fuese ditirambo, a todo lo que fuese exaltación de unos determinados valores absolutamente convencionales que habían servido, por ejemplo, de eslogan durante la época militar, durante la guerra. Pero todo aquello que supusiese, en cierto modo, una crítica, estaba absolutamente vetado. Y si lo digo con esta convicción, sin restricciones, es apoyándome en mi propia experiencia.

En 1943 publiqué mi primera novela, que es una novela que me gustaría no haber publicado, pero como los errores forman parte de la historia de cada cual, de los pueblos y de los hombres, yo la asumo como un error mío. El personaje de esta novela al final no se marchaba a España ni a la zona republicana ni a la zona nacionalista. Simplemente salía por la calle del medio y se marchaba a América. Entonces, éste, además, era, diríamos, el desarrollo normal del personaje de acuerdo con su carácter, con su psicología, etc., etc., ¿verdad?, y con la situación novelesca.

Cuando llevé la novela a la censura, el censor era un amigo, hoy fallecido, por desventura porque era un gran poeta, la leyó y me dijo: "No voy a tachar nada pero tienes que cambiar el final". "Pero ¿por qué?". "Sí. El protagonista tiene que venir a la España nacional". Les confieso a ustedes, naturalmente, que yo pensé no publicar la novela, pero les invito a adoptar una actitud de comprensión ante un hombre que tiene treinta años, que, por casualidad, por chiripa -decimos en España-, ha escrito una novela y que se encuentra con una dificultad. Le di vueltas, efectivamente cambié el final como se me pedía y, por fidelidad a lo que la novela había sido y debía ser, incluí el verdadero final de una manera indirecta. De manera que el protagonista, antes de terminar la novela, piensa lo que va a ser su propia vida y lo que piensa es, precisamente, su marcha a América, pero después no se marcha, esto queda en una mera imaginación.

Dos promociones de escritores
Bueno, pues casos como éste los han sufrido todos los que, de una manera o de otra, cultivaban los géneros narrativos, el teatro. Pero hay otra circunstancia con la cual no se suele contar cuando se hace la historia de este periodo y que, a mi juicio, es tan grave o más que la censura. En aquel momento en la Península convivíamos dos promociones de escritores: aquellos que nos habíamos formado antes de la guerra, es decir, que nos habíamos beneficiado de una universidad realmente pujante -desde los años 29 o 30 hasta el 36 la universidad española conoció uno de los mejores periodos de su historia- y aquellos que, por ser algo más jóvenes, no la habían conocido. Existía, pues, una diferencia muy notable de formación, de formación literaria entre unos y otros.

Quienes habíamos aprovechado el tiempo leyendo podíamos ignorar aquellos autores contemporáneos que se nos impedía leer, aquellos que tropezaban en la frontera con la aduana, pero, evidentemente, conocíamos los demás. Teníamos, o la tenía por lo menos quien había querido tenerla, una formación literaria completa. Hace pocos años hablaba yo de esto con un novelista de los jóvenes, muy destacado, García Hortelano, y me decía: "Hasta este año no he podido leer a Zola", y esto sucedía en el año 1962, cuando este hombre tenía 38 años. Es decir, que había una apretada red por la cual pocos libros se filtraban, y, por lo tanto, el escritor de la promoción siguiente a la mía se encontraba con una dificultad real e insalvable para conocer aquellos fenómenos literarios presentes y pasados cuya información necesitaba para el ejercicio de su propio arte. De ahí el carácter provinciano que va tomando la literatura novelesca española, con muy pocas excepciones, durante esos años, al cabo de los cuales, por uno de estos extraños fenómenos que acontecen en España, se abre un poco la mano, entran torrentes de literatura francesa y en la Universidad de Madrid hay doscientos estudiantes capaces, por ejemplo, de morir por Sartre.

Pero esta irrupción de la literatura contemporánea coge a los escritores españoles más jóvenes sin la debida preparación. Se empieza a hablar entonces, con insistencia, de ciertos novelistas del siglo XIX, de los primeros novelistas del siglo XX. Se habla de Galdós, pero no conseguimos, los que le conocemos que se nos haga caso. Porque hay otro factor muy interesante, en cuya realidad yo creo, y es la desconfianza que siente la mayor parte de los españoles hacia aquellas reputaciones elaboradas dentro de España y que no han sido sancionadas fuera. Hay así algo, como si dijéramos, "una desconfianza" -nosotros decimos en español "vulgar", "popular", "estar escamados"- ante nuestras propias reputaciones. Por ejemplo, la razón por la cual don Jacinto Benavente, cuyos últimos treinta años de dramaturgo fueron de franca decadencia, consiguió morir rodeado de gloria se debe casi exclusivamente a que se le dio el premio Nobel.

Sartre leía a Unamuno
Cuando un escritor español tiene una sanción pública y definitiva fuera de España, se le acepta sin discusión. Por ejemplo, se leía en estos años a que me refiero a Unamuno, porque todos sabían que Unamuno era muy leído en Francia, porque cuando la señora Simone de Beauvoir publica su primer volumen de memorias dice que Sartre leía a Unamuno. Naturalmente, para los admiradores de Sartre, el hecho de que leyera a Unamuno confiere a Unamuno una gran importancia. Se lee a Unamuno. Se lee mucho menos a Ortega y Gasset, porque Ortega y Gasset, en Francia, no ha alcanzado la sanción que a mi juicio merece. Es decir, influyen una serie de factores de este tipo en el establecimiento de las valoraciones de los escritores españoles y, por tanto, en el tipo de influencia, remota o próxima, que sobre nosotros podía ejercer. Pero hay, además, la propia situación del país. Todos los escritores entonces sentimos, más o menos, que una obligación moral debe mover nuestra expresión literaria. Lo sentimos con verdadera vehemencia, pero sabemos al mismo tiempo que esta expresión de nuestra situación moral es difícil o está totalmente vedada.

Entonces acudimos a toda clase de subterfugios -mi segunda novela, frustrada aunque publicada, es uno de estos subterfugios- hasta que, insisto, esta apertura relativa, que se opera en nuestra sociedad y en los instrumentos de nuestra sociedad, permite, por lo menos, cierto tipo de expresión; permite, por lo menos, que esto que se llamaba entonces "novela de testimonio", "novela de denuncia", pueda ser escrita, al menos, con precauciones. Y a partir de ese momento la juventud novelista española, los novelistas jóvenes españoles se entregan, de una manera absolutamente ciega y con muy pocas excepciones, a esto que se llama el "realismo socialista" o, por lo menos, al realismo crítico. Y todas las novelas que se van publicando pertenecen más o menos a esta escuela, siguen esta dirección, tratan temas similares de carácter social, bien denunciando la situación del proletariado, bien denunciando la falta de moralidad de las clases burguesas medias. Y el momento en que esto en España tiene más auge coincide curiosamente con este otro momento en que en Francia va decayendo la novela testimonial, en que Sartre no termina sus series novelescas, en que muere Camus y en que comienza a aparecer, mejor dicho, comienza a triunfar, a ser conocida una orientación novelesca completamente distinta: la representada por Michel Butor, por Nathalie Sarraute, por Robbe-Grillet, en fin, por todo este grupo entre sí muy distintos, pero que juzgamos en grupo a consecuencia de ciertas afinidades mínimas.

El Congreso de escritores de 1963
Entonces, se organiza en España en 1963, si no recuerdo mal, un congreso de escritores que es segunda parte, diríamos, de otro congreso celebrado el mismo año en la primavera, creo que en Leningrado. Es decir, hay ciertos escritores europeos que quieren llevar a cabo una confrontación de preocupaciones, de direcciones, de temas, de principios con los dos países extremos de Europa, entre los cuales hay ciertas coincidencias de situación. Y este congreso, en el cual se discute la legitimidad del realismo es, efectivamente, una confrontación, no de realismo y, diríamos, objetivismo, neo-objetivismo o cualquiera que sea la palabra con la que se designe esta escuela francesa, sino de escritores españoles con escritores extranjeros, confrontación que llega incluso a ciertos extremos de violencia política, y se llega a acusar de derechistas, cosa que tiene un valor y una significación muy concreta en la España actual, a personas que no lo eran, simplemente porque habían abandonado el cultivo de un tipo de novela y se habían entregado al cultivo de otro tipo de novela. Se dijo, y esto me parece incierto, por no decir absolutamente inseguro, que en España seguíamos cultivando diversas formas de realismo porque la situación de país subdesarrollado lo exigía. Es decir, que nosotros no habíamos llegado a crear una escuela de vanguardia, con unos supuestos éticos y estéticos equivalentes, similares o iguales, por ejemplo a los de Robbe-Grillet porque España, económica y socialmente, estaba más atrasada que Francia. Recuerdo que ante esta afirmación escritores presentes de distinta dirección política protestamos.

Protestamos, primero, porque no estábamos seguros de que la situación económico-social de un país sea, como se dice ahora, un condicionamiento riguroso e inevitable de determinados modos de hacer arte. Segundo, porque todos estábamos convencidos de que la justificación de nuestra novela era una justificación de carácter moral que nos costaba, diríamos, una situación difícil en el país. Muchos de aquellos novelistas habían estado en la cárcel, por ejemplo ¿verdad? Y nos considerábamos ofendidos por la actitud primero de superioridad y segundo de incomprensión de alguno de los extranjeros allí presentes. Por ejemplo, de Nathalie Sarraute que, por cierto, me gustaría encontrar a un crítico lo bastante valiente para atreverse a decir que su última novela es muy mala. Es difícil que se diga.

Aquella experiencia del congreso, a pesar de todo, significó un choque, un trastorno en nuestra conciencia profesional y moral, porque coincidió, curiosamente, con el fracaso de la dirección socialrealista que la mayor parte de los novelistas españoles, sobre todo los jóvenes, cultivaban. Hay un escritor joven, muy inteligente, que se llama José María Castellet, que, en cierto modo, fue el director de la conciencia estética de las generaciones jóvenes por una razón: porque por el hecho de ser catalán y rico tenía o había tenido más facilidades para conocer la cultura francesa y la italiana que los que no eran ni ricos ni catalanes. Y este hombre, a través de dos libros -uno de ellos titulado La hora del lector y otro una antología, mejor dicho, dos: una antología de poesía española y otra de poesía catalana-, había creado una conciencia que servía a estos novelistas de base.

Pero el propio Castellet, en un momento en que le preguntan cuál es el valor que concede a la novela española moderna, trata cruelmente a los que le habían seguido y dice que la novela española moderna que es una novela pobre, que es una novela provinciana que en modo alguno puede cotejarse con cualquier escuela de novelistas europeos. Efectivamente, las escuelas, las direcciones realistas de los novelistas españoles actuales, no respondieron a unas esperanzas mínimas, no podemos decir que, salvo El Jarama, haya una obra que alcance el valor medio de la obra de Baroja, de la obra de Valle-Inclán, de la obra de Pérez de Ayala.

Testimonio de una confusión
Mis últimas conversaciones con mis colegas me dieron ocasión de darme cuenta, de testimoniar una confusión. Esta confusión obedece sobre todo al hecho de que, en el mundo europeo por supuesto y, quizá, también en el americano, el tipo de novela que, diríamos, se cotiza, el tipo de novela que se estima, es un tipo de novela completamente distinto del que estamos cultivando en España. Es el tipo de novela que se deriva justamente de estos novelistas franceses que siguieron a la generación de Sartre y a la generación de Camus; un tipo de novela donde las preocupaciones técnicas priman sobre todas las demás; un tipo de novela carente de significación moral, social, religiosa, política; un tipo de novela que, en cierto modo, es un juego difícil, un juego de un maestro distribuyendo las palabras, las imágenes de tal manera que le cree al lector una conciencia del que está ante una charada, algo que los españoles no hemos hecho desde los tiempos de Góngora. Entonces, la desilusión de los novelistas jóvenes españoles, que carecen del ejercicio literario necesario y suficiente para hacer algo parecido, es enorme, y, sin embargo, tenemos que reconocer que esas formas novelescas que nosotros no cultivamos, para las que nos sentimos incapaces, no son el comienzo de una nueva forma novelesca, no son el comienzo del renacimiento de la novela; son consecuencias remotas, parciales, diríamos "especializadas" de los modos cultivados por aquellos grandes escritores que destruyeron la novela, sobre todo por Joyce. Los métodos utilizados parcialmente por Joyce son los métodos que unos y otros están ahora utilizando de una manera exclusiva.

¿Sería posible que en un país como España donde todavía sentimos necesidad de que en la novela exista personaje, exista acción, exista conflicto dramático, no de que la novela tenga una vinculación a una ideología, sino de que cumpla en relación con la realidad y con la vida una función semejante, equivalente, aunque estética y estilísticamente distinta a la que cumplió la novela realista, es decir, donde todavía lo que caracterizó como género a la novela no se ha muerto, donde todos seguimos pensando a través de personajes y a través de situaciones, sería posible que nosotros intentásemos de alguna manera un renacimiento parcial, nacional de la novela? Yo creo que es posible pero dudo que se vaya a realizar. Y dudo que se vaya a realizar porque la situación sentimental del escritor español moderno, con muy escasas excepciones, es la del desencanto. La del desencanto, no por determinada situación política, no por las dificultades que cada cual pueda tener, ha tenido o haya de tener, sino por la escasa atención que fuera de España se presta desde hace mucho tiempo a la literatura española. Y lo digo en el único país del mundo donde la literatura española contemporánea es conocida, por lo menos, en estos ámbitos, reducidos pero múltiples, pero numerosos, de las escuelas de español de los Estados Unidos, donde el conocimiento de mis colegas es mucho más amplio de lo que ellos mismos pueden sospechar.

Pero, fíjense ustedes, se trata de un conocimiento de ciertos grupos. Hoy he podido comprobar, por ejemplo, en el tiempo que llevo en los Estados Unidos, que la bibliografía norteamericana sobre Galdós supera numéricamente a la no norteamericana. Es éste el país donde se ha estudiado más y más profundamente a Galdós; sin embargo, creo, o al menos esto me han dicho, que no hay una sola traducción de Galdós publicada en los Estados Unidos. Hay conocimiento, pero es una forma especial de conocimiento: no es el reconocimiento del público; es el conocimiento y reconocimiento de unos especialistas como son ustedes. Pero el escritor vive un poco de esto, pero vive también de lo otro, vive de vender sus libros, vive de que se traduzcan, vive de que las revistas que definen la cultura del mundo se ocupen en su literatura. En fin, viven de esto que yo no sé si bien o mal se llama un poco "la gloria", teniendo en cuenta además que los españoles no creemos en más gloria que aquella que experimentamos. Hay un terrible refrán que dice: "A burro muerto, cebada al rabo". La gloria póstuma nos suele preocupar poco.

Literatura de combate
Pues bien, el escritor español moderno, el novelista español cualquiera que sea su esfuerzo, no encuentra que se le preste atención suficiente. Y entonces me temo que este desencanto cunda, que este desencanto oriente a los escritores españoles hacia formas de literatura de combate, de combate político y de combate ideológico, que son las que realmente se están cultivando ahora, tanto en el teatro como en la novela, y se aparten una vez más de la corriente universal. Es decir, que, al cabo de este nuevo periodo, de esta nueva etapa que estamos viviendo, nos encontremos tan lejos de lo que se hace en el mundo como lo estábamos en 1940. Algunos de estos hechos pueden ser atribuidos a las personas que han gobernado el país; otros, la escasa atención que se presta a la literatura española, son muy anteriores.

Si pensamos en lo poco conocido que es en Europa Valle-Inclán, o Baroja, en lo escasamente conocido que es Pérez de Ayala, o Gómez de la Serna, tenemos que pensar que este aislamiento es la consecuencia remota de esta curiosa peripecia histórica que España viene siguiendo desde el momento en que empezó, no digo su decadencia pero sí su crisis, desde fines el siglo XVI. ¿Será posible que volvamos a reintegrarnos a la cultura universal? Yo creo que sí, creo que sí porque entre 1920 y 1936 hemos caminado junto con Europa y con el resto del mundo, y hemos caminado con un intercambio real, con una valoración mutua, con una colaboración, con una coincidencia. Aquel momento que está presidido por la figura de mi maestro, mi maestro lejano porque nunca le conocí, Ortega y Gasset, desapareció. Es posible que renazca, no estoy seguro de que llegue a renacer.

Y con esto, que empezó con una información profesoral y terminó con una queja, termino también estas palabras y les agradezco el silencio con que ustedes me han escuchado. Muchas gracias.